Hacklib: Somos lo que editamos. Hacia un boceto de editorial descentralizada

[Imagen: Nacimiento de Venus, Fernanda Magalhães]

Somos lo que comemos y lo que editamos. A través del libro hemos desarrollado parte de nuestro pensamiento crítico y fermentado ideas que, creemos, nos permiten estar en el mundo de mejor manera. En un acto de reciprocidad tomemos un tiempo para repensar la forma de crear, difundir y preservar eso que hoy todavía llamamos libro y publicaciones.

Ejercicio:
Observe su librero con detenimientos: ¿qué de raro observa? ¿Cuántas autoras hay en proporción a la de autores? Como decía alguien por ahí: el pensamiento occidental del siglo XX parece ser una mezcla de elitismo y misoginia. ¿Cuántos de esos textos fueron escritos de forma colectiva y cuántos son una oda a la originalidad individual? ¿Cuántos dan cuenta de la realidad inmediata, de los problema urgentes, de Nuestra Historia?

Hay una misma idea que, en este texto, aparecerá con dos nombres: editorial descentralizada y edición libre. La primera se refiere a un ideal, una red de trabajo colaborativo enfocada en editar títulos de interés común para después imprimirlos y aviviarlos de manera local (claro, la pregunta del millón es si hoy existen el tiempo para coordinarnos y las herramientas libres para generar ese flujo creativo); la segunda es la reflexión y la práctica, el descubrimiento y el método, la solución y el manifiesto que cada persona y colectivo encuentra al definir qué es una publicación libre. Así que en realidad resultaron tres conceptos.

El pensamiento occidental del siglo XX parece ser una mezcla de elitismo y misoginia.

Ejes que imagino cuando pienso en un movimiento de edición libre:

  • El libro como parte de los bienes comunes.
  • Repensar el proceso editorial desde los movimientos sociales y desde las pedagogías: populares, críticas, libertarias (o dicho en clave contemporánea, decolonialidad).
  • (Trans)feminismos.
  • Utilizar herrmientas, contenidos y tipografías libres.
  • Sustentabilidad en la producción.
  • Lograr producir desde una economía alternativa.
  • Distribución (ferias y repositorios) autónomas.

Conceptos a cuestionar durante la creación de su colectivo de edición libre:

  • Futuro del libro.
  • e-book (en especial si va vinculado a los estándares privativos iPad y Kindle).
  • Acumulación.
  • La bonanza por sí misma de la alfabetización.
  • Autoría y copyright.

Regresemos a lo impreso desde lo colectivo, estamos ante un escenario agreste para la libre difusión del conocimiento:
Los grupos transnacionales neoliberales redefinieron a la largo del siglo XX y XXI la larga tradición libresca en lo que hoy conocemos como libro de bolsillo y con ello lo que significa la librería y el libro electrónico, dispositivos todos atentos a restringir su copia, modificación y distribución a través de un acuerdo de las legislaciones internacionales.

  • El libro impreso: memoria externa donde colocamos información en fragmentos secuenciados con el fin de que sea preservada y consultada.
  • Si existe la Slow Food, ¿puede existir el movimiento por el Slow Book?

Los grupos transnacionales neoliberales redefinieron a la largo del siglo XX y XXI la larga tradición libresca en lo que hoy conocemos como libro de bolsillo.

La edición libre tiene como pregunta seminal ¿para quién?, porque ésta permite pensar más allá de nuestra generación y del pensamiento académico. ¿Qué colectividades, edades, cuerpos, no son atendidas por las editoriales porque su memoria, sus interes no resultan rentables? ¿Todo mundo tiene dos ojos y dos manos, y claro una casa con un librero, para leer, sostener y guardar los libros? ¿Con quiénes podríamos generar complicidades aunque por ahora no hablemos la misma lengua?

Gutenborg

Siempre quize tener un laboratorio de edición llamado Gutenborg (claro, el nombre venía de unir al afamado impresor Gutenberg, que en realidad tuvo una historia muy triste y precaria, y la idea de que el libro es una prótesis tecnológica de la memoria, desarrollada por el cristianismo monacal por cierto, así que quizá ya éramos cyborgs desde el siglo XV).

Un laboratorio:

  • dedicado a promover la creación de proyectos editoriales para el bien común.
  • Que repiensa desde la cultura libre el oficio editorial.
  • Que se piensa como una mediación para acompañar y documentar los saberes de distintas colectividades, cuyas obras vinculan reflexión, imaginación, felicidad y placer.
  • Que piensa que las publicaciones están vivas cuando circulan y son leídas, cuando éstas son útiles, pertinentes, necesarias, placenteras, que deben ser creadas con un espíritu migrante e inestable para desetabilizar la necesidad de posesión y acumulación en libreros privativos.
  • Que se preocupa por la gente, las herramientas, la ética y la sustentabilidad que involucra cada proyecto.
  • Que comparte sus saberes con otras colectividades a través de jornadas de divulgación, capacitación, asesoría técnica e intercambio de ideas.


hermanado con los medios libres, las radios comunitarias y lxs documentalistas, con las bibliotecas móviles, el cine de barrio, el teatro del oprimido o el circo social
*Mantras mientras sigue leyendo: *

  1. El libro impreso es hackeable.
  2. El oficio editorial como conocimiento por compatir.

¿Por qué se comparte poco el oficio editorial?
A la oferta de talleres de creación literaria y los clubs de lectura habría que sumar los de producción editorial. Abir el código del proceso editorial tratando de marcar con rojo las peores prácticas de la industria del libro. Sí, este punto es una velada invitación a que las personas relacionadas a ese quehacer desde cualquier trincera compartan sus saberes.

La edición libre como un diálogo valioso donde importa más el proceso que el resultado:
Hemos de romper la jerarquía entre editores y lectores, profesionales y aficionadxs, así como entender a las publicaciones como una forma de generar comunidad en torno a cierto temas, de importancia para la reflexión política, el diálogo generacional, la riqueza cultural y la bibliodiversidad.

Las publicaciones están vivas cuando circulan y son leídas, cuando éstas son útiles, pertinentes, necesarias, placenteras.

Ya lo sabemos: editar libre tiene mucho de prototipo y de DIY o do it in bola: es editar sin tomarlo muy en serio o sin convertirse en una editorial sino en un bloque editor, es considerar el amplio espectro de lo autoeditable, recordar que existen obras del dominio público por revitalizar, que también se edita cuando se hace una biblioteca y se construyen repositorios; hemos de seguir experimentando la intervensión cotidiana a la cultura impresa que hoy se conforma por fotocopias, escaneos, descargas, remixes.

El gran reto de la edición libre es entrar en el circuito de las economías solidarias, así como construir alianzas con proveedores que en algún punto estén abiertos al trueque o el intermcambio de servicios.

Los avisos que colocaría a la entrada de mi laboratorio:

Dotar al CUERPO de órganos: respirar, comer, dormir, tomar el sol, sentir placer. Antes de encender la luz de la habitación, reconectar la calidad de vida con el trabajo creativo.

DESAPRENDER el viejo oficio editorial al tiempo que aprender a lidiar con lo inestable de los procesos abiertos y la autogestión.

Expandir el VOCABULARIO para poder dialogar, de forma real o imaginaria, con otras colectividades. Ver los lenguajes de computación, las interfases y el código con nuevos ojos.

Descubrir los PUNTOS DE ENCUENTRO entre software libre y software privativo, entre licencias abiertas y cerradas, y cómo potencian o limitan los proyectos.

Y en un sólo cartelito, otra lista de recomendaciones para quienes habitarán el laboratorio, derivada de otras muchas listas que me gustan (seguro le parecerán conocidos algunos puntos):

  • Ahora es mejor que nunca.
  • A veces nunca es mejor que ahora mismo.
  • Participan siempre las personas correctas.
  • Procuremos el buen trato.
  • Todo proyecto inicia cuando debe de iniciar.
  • Aprender a caminar al paso del más lento.
  • Antes de preguntar, investigar.
  • Mantener el espacio ordenado y limpio.
  • Cuidar siempre los bienes comunes.
  • Si es difícil de explicar, requiere maduración.
  • La palabra-acción es lo que transforma al mundo.
  • Prototipar como forma de trabajo: maquetar, probar, mejorar.
  • La legibilidad es importante.
  • La perfección es enemiga de lo bien hecho.
  • No hay malos resultados, todo es aprendizaje.
  • Documentar para compartir el conocimiento.


Terminar, cerrar, apagar todo proyecto.
Ahora sí, la última lista y se refiere al qué obras parecen congruentes con la edición libre:

Se privilegiará la publicación de contenidos creados de forma colectiva para proyectos específicos del laboratorio. En segundo lugar, la reedición de contenidos actuales licenciados bajo creative commons y copy-left, así como obras que han pasado al dominio público. Por último, obras descalogadas, pertenecientes a archivos públicos o colectivos.

Se evitará trabajar con obras con copyright, es decir, casi todo el pensamiento y la narrativa publicada durante el siglo XX. En todo caso servirá para hacer ejercicios editoriales creativos: ediciones críticas, transmedia, remixes.

Se planea como eje general de creación el uso de la antología. Ésta permite alternar diferentes tipos de contenidos y son un buen pretexto para vincular el laboratorio a colectivos y grupos de estudio interesados en general materiales de trabajo.

Visto el laboratorio como un proyecto de intervención, podría realizarse, en ocasiones especiales, edición en tiempo real en el lugar que suceden ciertas actividades para rescatar la vida efímera de ponencias, talleres y presentaciones. Habría que acercarse a conocer y adaptar la metodología del booksprint como la dinámica de cobertura de los medios libres.

En lo posible, se buscará escapar del textocentrismo y atender la narrativa de las imágenes: a la nueva tradición de la novela gráfica habría que sumar, por ejemplo, el trabajo de Wendy Ewald sobre alfabetización a través de la fotografía, y claro, no olvidar el aporte de los videojuegos, el arte electrónico, la cartografía digital y la visualización de datos para generar otras narrativas, ahí donde ha quedado algo desactualizado lo hipertextual.

Última página:
Este texto es una deriva de mi tesina de titulación de maestría: Gutenborg Lab: propuesta de un laboratorio de edición libre, y que sirvió para poner por escrito diversas reflexiones surgidas desde 2011, en la larga coyuntura, hoy, claramente especulación ya fatigada, sobre los futuros del libro. En esos años resultó muy inspirador el trabajo de Traficantes de Sueños y el Bookcamping de España, en los últimos los vinculados al encuento LibreGraphics, en especial del colectivo Open Source Publishing, de Bélgica, de la mano de Femke Snelting.

Si usted toma un libro y hace que se toque la portada con la contraportada, de pronto se le manifestará un ouroboros o un corazón de papel.

Lo que empezó como un interés de crear publicaciones desde una trinchera libre, hoy se ha complementado con la pasión por las bibliotecas digitales autónomas, gracias a la experiencia de Monoskop, Memory of the World y The Anarchist Library. Ese boceto llamado Gutenborg se ha complementado con el quehacer colectivo de la Campechana Mental, proyecto de biblioteca del Rancho Electrónico que avanza, de a poco, en reflexiones paralelas. Y es que si usted toma un libro y hace que se toque la portada con la contraportada, de pronto se le manifestará un ouroboros o un corazón de papel.

Originalmente publicado en la revista Pillku, amantes de la libertad >>> http://www.pillku.org/article/hacia-un-boceto-de-editorial-descentralizada/

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