Contra la cultura – La posición de la Fanzinoteca

http://www.fanzinoteca.net/contra-la-cultura/
Contra la Cultura

Volvemos una y otra vez al fanzine. Esta es una de las pocas certezas entre tanta discusión sobre políticas culturales y movimientos de supuesta defensa de algo a lo que se identifica como la Cultura (con mayúscula), cuando ya hace tiempo que convenimos que se trataba de cultura (en genérico) y que era algo que si en alguna medida está en peligro es en manos de muchos de los que dicen pretender salvarla.

Iniciamos el proyecto de La fanzinoteca ambulant identificados completamente con el ADN de estas publicaciones precarias y de los deseos que las impulsan: producir con lo que se tiene, trascender lo justo, trabajar desde la colaboración y compartir libremente.

Nos importa un pepino si alguien piensa que se trata de algo desfasado, algo de otro tiempo. No nos interesa para nada la discusión sobre el sentido que tienen los fanzines en la era de Internet 2.0. A nosotros aun se nos erizan los pelos de emoción cuando oímos hablar a Joni D. en Can Masdeu sobre los fanzines Punk de los 70’s i 80’s al igual que cuando trasteamos entre los ejemplares recién editados a la venta en Fatbottom o recibimos un ejemplar de un fanzine científico que nos trae un colega de Buenos Aires. En todas y cada una de estas ocasiones sentimos que algo cobra sentido en relación a la palabra cultura.

No pretendemos con eso idealizar el espacio de precariedad que supone la realización de un fanzine ni pretendemos dejar suspendida la idea en la paradoja de la “libertad creativa vs. la necesidad de comer”. Pero tampoco aceptamos el chantaje vomitivo que nos sitúa en este abismo en el que nos han hecho creer que solo estamos a salvo de la mano de las industrias capitalistas o de instituciones, gobernadas demasiado a menudo anti-democráticamente, demasiado a menudo por déspotas ilustrados, que nos dicen como debemos ser, como debemos actuar, como debemos imaginar y comunicarnos. Son ellos los que han construido este abismo irreal que nos ha convertido en meros productores y consumidores de esta Cultura normalizadora y autoritaria. Un abismo en el que quieren hacernos creer que el conocimiento no da de comer si no genera plusvalía, si no produce un capital sujeto a la acumulación y a la especulación, ya sea en términos económicos como en términos Políticos (si, con la “P” en mayúscula también: la política de los partidos políticos)

Pero este abismo no existe realmente. Los fanzines, sin pretender ser la solución a nada, están ahí siempre para recordarnos que “si se puede”, que hay otros relatos más allá de lo autoritario y lo hegemónico, que hay otras economías y que el comer o no comer no tienen nada que ver con producir o no conocimiento, con compartirlo libremente . Que tod+s podamos comer tiene que ver con la construcción de una sociedad más justa, en la que se reconozca la riqueza que supone el trabajo en cultura para nuestras sociedades, en que se reparta esa riqueza de forma justa, en que se impida a unos poquísimos acumular tanto de forma tan vergonzosa. Se trata de acabar con este capitalismo atroz y esta falsa democracia completamente vendida al capital y a las vanidades.

Ha sido muy triste constatar como en los últimos años en esta ciudad, y por extensión este país, la mayoría de veces que artistas y agentes culturales se han organizado para luchar en nombre de la defensa de la Cultura, se ha hecho desde el deseo de preservar un sistema perverso de subvenciones, privilegios, amiguismo, autoridad y, sobre todo, articulado desde la idea de la cultura como recurso. La mayoría de estos movimientos han tenido lugar desde este abismo del miedo, desde la idea preconcebida que no hay posibilidad de salir de él. Y cada movimiento se desactiva por si solo, vulnerable al chantaje, incapaz de salir de la burbuja.

Hay muchos lugares, en la cultura, desde donde luchar para construir esta otra sociedad: desde la redes sociales, el copyleft, la okupación, la desobediencia civil, la microfinanciación, etc. pero también tenemos que re-producir espacios autosugestionados, cooperativas, cajas de resistencia o nuevas universidades. Alternativas desde las que rescatarnos del abismo para generar y compartir nuevos imaginarios. El fanzine no es El Paradigma, obviamente, pero nos recuerda de forma inequívoca la importancia que los procesos de singularización tienen en momentos como este.

Volver al fanzine una y otra vez es otra forma de empoderamiento que no solo nos permite existir sino demostrar que no les necesitamos, que no pensamos obedecerles y que no todo lo pueden controlar. Y ni falta nos hace que les interese, ni que nos legitimen, ni valoren el impacto que nuestro medio centenar de fotocopias tiene en su perverso orden de las cosas y al supuesto y esclavizante crecimiento económico.

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