Yásnaya Aguilar: Cómo convertirse en un policía de la lengua y fracasar en el intento

Si la moderna ciencia lingüística no apoya esta distinción entre formas

correctas o buenas y formas incorrectas o malas de hablar, ¿de dónde

surge, pues, este interés en tachar unas hablas de incultas o incorrectas?

La idea de que el vulgo inculto habla mal ha sido difundida y alentada desde

el poder político y educativo para facilitar que los hablantes de variedades

lingüísticas no estándares las abandonen y se sumen a los modelos de habla

considerados cultos. De esa manera se consigue, a través de este prejuicio, que el

propio pueblo abandone sus formas de hablar de modo voluntario y

contribuya a la destrucción de sus propias señas de identidad lingüística.

Juan Carlos Moreno Cabrera

¿Deseas pertenecer a la inmemorial estirpe de los policías de la lengua? Sí, esos guardianes que defendieron al latín de la ola de corrupción que tuvo como resultado la existencia de las actuales lenguas romances como el español, el rumano o el francés. ¿Deseas formar parte de la cofradía de los modernos quijotes que se enfrentan a los molinos de viento del mal hablar y del mal escribir? Los policías de la lengua desean limpiar, fijar y dar esplendor a una lengua rebelde y que no se deja pulir; inyectarle botox a las arrugas que evidencian el paso del tiempo en las lenguas del mundo, estos guardianes del buen hablar piensan que toda lengua pasada fue mejor y que si no intervienen algo muy grave puede suceder: el español puede perder su unidad lingüística, la lengua puede corromperse o perder su brillo y esplendor. Uno puede encontrarlos por montones en las redes sociales denunciando airadamente lo mal que hablan y escriben las nuevas generaciones, arengando aquí y allá sobre las normas que hay que seguir y lamentando siempre que, a pesar de todos sus esfuerzos, las cosas no cambian mucho.

Si algo hemos aprendido de los policías del buen hablar es que están condenados a fracasar una y otra vez. A pesar de la indignación, nadie pudo detener que el latín se convirtiera en esa lengua corruptísima en la que muchos siglos después escribieron Octavio Paz o Gabriel García Márquez como nAdA PuEdeN asEr AoooRa paRa iiMpedIr q’ LaZ PeeRzoNaS eZcRiVaN Azi.

¿Cuál es el afán perseguir y castigar? ¿Por qué los policías de la lengua le dedican tantos esfuerzos a promover el buen hablar según sus criterios y a vigilar el buen escribir?. Mi amiga Sheba Camacho me mostró una campaña en el metro de la ciudad de México llamada “Escribir bien” que se dedica a advertir a la gente que no debe usar “dijistes” en lugar del correcto “dijiste”. Me impresiona que esto pueda llegar a estos niveles ¿Por qué molesta sobre manera que las personas agreguen una s final? ¿Por qué dedicarle una campaña? ¿Por qué implicar que las personas que utilizan esta forma son tontas o incultas? ¿En qué nos afecta que alguien utilice “haiga” en lugar de “haya”?

Los policías de la lengua tienen también mala memoria. A pesar de que haya habido voces desesperadas que advirtieron que no había que abandonar la forma antigua y conservadora “haiga” por el vulgar “haya”, el cambio de cualquier manera se consumó. Ahora advierten que la forma correcta es “haya” y que no debemos de usar el cada vez más popular “haiga”. Lo que antes era considerado culto puede después considerarse ahora vulgar. Lo que es cierto es que ningún movimiento que haya intentando normar la lengua ha logrado que ésta se quede estática y congelada en el tiempo, no hay botox que detenga el cambio.

Detrás de esta obsesión por corregirle al otro su forma de hablar y su forma de escribir existen grandes dosis de clasismo y discriminación. La lingüista Cecilia Rojas lo repetía en sus clases junto con los sociolingüistas de las lecturas del curso: controlar la norma da prestigio. Pero fijar una norma lingüística no significa que ésta sea intrínsecamente mejor, Juan Carlos Moreno apunta que “si se nos impone una norma, podemos aceptarla libremente, pero debemos tener presente que esa norma no es más correcta que otras posibles simplemente porque la acepten o ensalcen determinadas instancias sociales”.

Hay una página electrónica en la que es posible “traducir” el comienzo de Cien años de soledad o de El Quijote o de cualquier otro texto que se nos ocurra a una versión que llaman chaca-reguetoñera:

muXoz añoZ DezPuez, frEntE Al PlOtoN De FuzIlAmientO, El CoRoNeL AurEliAno vuEnDia avia de rEkOrdAr aqEyA taRde ReMotA en Q’ sU pAdre lO yEvo a CoNosEr eL yeLo. mAkonDo eRa enToNsEz 1A AlDea De bEiNte kAzAz dE VarRo i kaÑaBrabA KonzTrUiDaz A la orIya dE 1 rio De aguAz diAfaNas q’ Ze pReSiPitabaN X un lExo De pIeDraz pUliDaz, BlaNkaZ I EnorMez comO WeBoS PrEisToRiCoS.

A pesar de lo divertido que es jugar con posibles “traducciones”, la página hace un juicio severo sobre este tipo de escritura: “¿Quieres ‘expresarte’ como la pRiNcEza rEggeAtOnErA pero temes al daño cerebral permanente causado por el abuso de la inhalación de solventes?¿Tus creencias y posiciones más profundas y sagradas te impiden teclear como si no hubieras terminado la primaria?” reza en la presentación. Detrás de los juicios sobre el buen hablar y el buen escribir se esconden prejuicios más profundos. ¿Quiénes pueden acceder a la norma lingüística? ¿Quiénes pueden conocer las reglas del “buen” decir y del “buen” escribir? Al parecer, “los que no han terminado la primaria” parece responder la página. Un clasismo social no tan velado empapa los juicios de los policías de la lengua. A pesar de mis esfuerzos aún no puedo escribir en versión chaca-reguetoñera, entiendo que debe haber un patrón para la sustitución gráfica y que ha de ser complejo, sinceramente me gustaría mucho viajar de un sistema gráfico al otro, de la norma “culta” a la forma “chaca-reguetoñera” con sus propias reglas y principios de escritura.

Todo esto no quiere decir que no exista regulación en la lengua, pero es verdad que no pueden regularla individuos por más que denuncien que no se dice “dijistes”. El asunto es más complejo, si una persona utiliza la forma chaca-reguetoñera para escribir una solicitud a la universidad sabe que seguramente será rechazada así que no lo hará, tendrá que aprender la norma adecuada para el caso si desea tener mayores posibilidades de éxito; igualmente, esa misma persona sabe que si utiliza la norma “culta” con la que se escribe una solicitud formal para comunicarse con sus amigos en una red social será rechazado también.

¿Qué tanto de la forma de escribir chaca-reguetoñera impactará en la norma “culta”? No hay manera de saberlo y sobre todo no hay manera de controlarlo, los cambios y las aparentes “corrupciones” que sufre una lengua se dan o no prosperan independientemente del número de advertencias que publiques en tu red social. Calma, policías del lenguaje, no pasa nada, no depende de ustedes, pregúntenle a todos los policías anteriores que se rasgaron las vestiduras durante todo el proceso en el que “lacte” se corrompió hasta parir al actual “leche”. Los policías del lenguaje creen que deben ayudar al sistema educativo a enseñar y propagar la norma (mal llamada) culta y más grave aún: creen que pueden hacer juicios sobre la valía de las personas y de sus ideas sólo con base en el uso de “haiga” vs “haya”.

Todos de alguna manera hemos jugado a ser policías de la lengua, todos hemos descalificado un argumento diciendo: “primero aprende a escribir/hablar bien”. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Hay que recordar siempre que la lenguas no se regulan, las lengua se autoregulan. Evitémonos pues la pena.

– See more at: http://estepais.com/site/2014/como-convertirse-en-un-policia-de-la-lengua-y-fracasar-en-el-intento/#sthash.RuYbHLHv.dpuf

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